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El Mercado de Santo Domingo de Pamplona celebra 160 años entre tradición y nuevos emprendimientos

El Mercado de Santo Domingo, uno de los cinco mercados de abastos más antiguos de España, está de celebración: cumple 160 años desde su reconstrucción en 1877, tras superar un trágico incendio que destruyó el antiguo edificio. Con una veintena de puestos y alrededor de 70 trabajadores, este emblemático espacio de Pamplona demuestra que la tradición y la innovación pueden convivir bajo un mismo techo.

🚀 Salchichería Mauri: El éxito del nuevo emprendimiento en el mercado

El mercado no solo vive de su rica historia; hoy es un motor vivo para nuevos proyectos gracias a los programas de emprendimiento locales. Estas iniciativas impulsan la formación, la mentoría y ofrecen la cesión de espacios gratuitos durante un año para ayudar a consolidar nuevos negocios en la ciudad.

El mejor ejemplo de este relevo es Simone, quien tras 17 años trabajando por cuenta ajena decidió dar un giro a su vida y fundar la Salchichería Mauri. «Empezar como autónomo es muy difícil, pero soy feliz haciendo lo que me gusta», explica en el reportaje de Navarra Televisión. Su caso refleja la esencia de lo que busca el mercado actual: atraer talento joven, renovar la oferta y garantizar que el comercio de barrio siga latiendo con fuerza.

🔄 Un espacio en constante transformación

Para conmemorar este aniversario, el artista urbano Uri KTHR ha pintado un gran mural que muestra a distintas generaciones compartiendo el mismo espacio. Y es que el Mercado de Santo Domingo ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos:

  • Comercio de toda la vida: Convive con referentes históricos como Frutas Zabalza, presentes desde 1860.
  • Ferias temáticas: Los fines de semana se llena de vida con la Feria de Artesanía y Emprendimiento (tercer sábado de cada mes) y la Feria de Antigüedades (último sábado).
  • Cultura y ocio: El espacio cultural Central aporta desde hace una década un ambiente alternativo donde los ensayos artísticos se cruzan de forma natural con los clientes que hacen su compra diaria.

Al final, lo que permanece intacto tras más de siglo y medio es el valor humano. En una época de compras impersonales, el Mercado de Santo Domingo sigue siendo ese lugar de confianza donde los vecinos se miran cara a cara.

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